Mi nombre es Ezequiel, pero desde los cinco años me llaman Jopo.
Mis primeros recuerdos vinculados a la tecnología se remontan a mi niñez, cuando mis padres me compraban videojuegos y había que crackearlos para que funcionaran. Unos años después, cuando todavía no existían las plataformas de streaming, conocí el mundo de los torrents: ver una película era toda una aventura que implicaba descargar el archivo correcto y encontrar los subtítulos que coincidieran exactamente.
Sin darme cuenta, mi yo niño estaba aprendiendo a resolver problemas y a encontrar la lógica para hacer que las cosas funcionaran en una computadora.
Mi viejo es programador desde antes de que existiera Internet, así que siempre hubo una computadora en casa. Cuando llegó la banda ancha a Argentina, fui el primero de mi entorno en tenerla. Sin duda, todos estos factores influyeron en lo que soy hoy.
A pesar de esa historia, durante muchos años mis intereses estuvieron más ligados al deporte, la creatividad, los negocios y las finanzas. Jugué al rugby durante 15 años, fui el tryman de mi equipo y llegué a representar a mi club en Primera División.
Al entrar en la adultez, me enfoqué en mis estudios de Marketing y rápidamente empecé a trabajar en bancos. Allí aprendí muchísimo sobre finanzas, especialmente porque me tocó trabajar en las áreas de préstamos e inversiones durante la crisis de 2018.
A principios del año siguiente, la metodología Agile llegó al BBVA, donde trabajaba, y me eligieron para asumir el rol de Product Owner. Ese momento fue fundamental en mi carrera: descubrí la facilidad que tenía para entender el software y movilizar a un equipo detrás de un objetivo.
Desde entonces, no paré. Cada experiencia me atravesó de una manera distinta.
En Amalgama descubrí lo que significa trabajar en una startup, codo a codo con los desarrolladores y en contacto directo con clientes, comunicándome en un idioma que no era mi lengua materna.
En Mercado Libre entendí lo que significa perseguir la excelencia constantemente y la competitividad de querer ser siempre los número uno.
Como CEO de global.esur, descubrí otra dimensión de la estrategia y la perseverancia necesarias para superar las dificultades.
No es casualidad que esta última etapa haya coincidido con mi enamoramiento del ajedrez.
Hoy, toda esta historia se ve potenciada por la inteligencia artificial. Si algo me faltaba, era la posibilidad de crear cosas con mis propias manos. Esta página web es la representación digital de cómo la IA me dio superpoderes.
Los invito a conocerme un poco más.

